La exposición excesiva a la radiación ultravioleta(UV), cuya principal fuente es la luz solar. El grado de exposición a esta radiación depende de la intensidad de la luz, del tiempo de exposición, y de si la piel ha estado protegida. Las personas que viven en áreas donde están expuestas todo el año a una luz solar intensa tienen mayor riesgo. Estar largo tiempo a la intemperie por motivos de trabajo o diversión sin protegerse con ropas adecuadas y protección solar aumenta el riesgo.
Las lámparas y cabinas bronceadoras son otras fuentes de radiación ultravioleta que pueden causar un mayor riesgo de desarrollar un cáncer de la piel no melanoma.
La exposición a ciertos productos químicos como el arsénico, la brea industrial, la hulla, la parafina y ciertos tipos de aceites.
La exposición a la radiación como la producida por la radioterapia.
Las lesiones o inflamaciones graveso prolongadas de la piel, como pueden ser las quemaduras graves, la piel que recubre el área donde se produjo una infección ósea grave, y la piel dañada por ciertas enfermedades inflamatorias.
La exposición excesiva a la radiación ultravioleta, cuya principal fuente es la luz solar.
Las lesiones o inflamaciones graves o prolongadas en la piel, como suelen ser la quemaduras graves .
La condición hereditaria .
Síntomas de Cáncer de piel
Como parte de un examen de rutina relacionado con el cáncer, el médico examinará minuciosamente la piel del paciente. Pero es igualmente importante que el paciente se revise a sí mismo la piel, preferiblemente una vez al mes. Para ello, deberá conocer el aspecto de los lunares, las imperfecciones, las pecas y otras marcas que tenga en la piel para poder detectar cualquier cambio. Se recomienda hacerse el autoexamen frente a un espejo de cuerpo entero. Para las áreas difíciles de ver puede usarse un espejo de mano. Deben examinarse todas las áreas, incluyendo las palmas de las manos y las plantas de los pies, la región lumbar y la parte posterior de las piernas.
El cáncer de la piel no melanoma puede tener el aspecto de diversas marcas en la piel. Las señales de aviso principales son la aparición de una nueva masa, una mancha o protuberancia que esté creciendo (en el transcurso de unos meses, o de 1 a 2 años), o bien una ulcera que no sane en un plazo de 3 meses.
Este tipo de tumores aparecen como áreas anormales de piel. Pueden ser lesiones rosadas, rojizas (eritematosas) e inflamadas, lesiones descamativas (secas), sangrantes, parecidas a heridas abiertas, que nos pueden hacer sospechar de la existencia de un cáncer de piel.
Algunas personas (especialmente aquellos de piel muy blanca) desarrollan lesiones descamativas, ásperas o rugosas, llamadas queratosis actínica; estas lesiones se encuentran con mayor frecuencia en la piel de la cara, pabellones auriculares (orejas), brazos o cuero cabelludo (especialmente en personas con alopecia), pudiendo malignizarse y convertirse en cánceres de piel. Con frecuencia, estas lesiones se suelen extirpar para reducir el riesgo de que esto pueda ocurrir.
Diagnósticos del Cáncer de piel
Si existe algún motivo para sospechar que existe un cáncer de la piel, el médico empleará uno o más métodos para determinar si la enfermedad se encuentra realmente presente. El médico observará el tamaño, la forma, el color y la textura del área en cuestión, y si ésta sangra o se descama. Se examinará el resto del cuerpo para ver si tiene manchas o lunares que puedan estar relacionados con el cáncer de la piel. Es posible que sea necesario hacer otras preguntas u otros exámenes, dependiendo de su estado de salud, en particular.
Si el médico piensa que un área pudiera presentar un cáncer de la piel no melanoma, éste tomará una muestra de piel del área sospechosa para examinarla con un microscopio. Esto se llama una biopsia de piel. Para hacer esta prueba pueden utilizarse diferentes métodos.
Cualquier lesión sospechosa de indicar la presencia de cáncer de piel debe ser examinada por el médico para un diagnóstico o seguimiento de la lesión y, si lo considera indicado, se realizará una biopsia (quitar parte o toda la lesión), para luego examinarla en el microscopio y diagnosticarlo (diagnóstico anatomopatólogico).
Ante la sospecha de diseminación locorregional o a distancia, se deberá completar el estudio con otras pruebas de imagen (ecografía, tac o resonancia magnetica.
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